viernes, 8 de diciembre de 2017

UN MARAVILLOSO CUENTO DE NAVIDAD

Había una vez, en un pequeño pueblo, un viejo cura párroco famoso y respetado por su sabiduría y su bondad.

Su parroquia, bastante alejada de la plaza central del pueblo, se mantenía casi ignorada y oscura durante todo el año. Sin embargo, cada diciembre, cuando se acercaba la Navidad la calle entera de la iglesia parecía adquirir luz propia.


Es verdad que el desproporcionado árbol de Navidad que el anciano armaba en el ciprés de la vereda, frente a la iglesia, irradiaba un brillo incomparable, pero no era sólo eso. Cada ladrillo del frente del viejo edificio parecía iluminarse desde adentro y alumbrar la que hasta unas horas antes era una de las calles más oscuras del barrio.


Desde la otra punta del pueblo se veía la luminosidad que parecía expandirse desde la vieja parroquia elevándose en el cielo.
Quizás poe eso, quizás por la nobleza del viejo cura, hombre puro de alma y espíritu y sacerdote de fé, inquebrantable, quizá por la suma de todas las cosas, la Navidad traía al pueblo un hecho que para muchos representaba un milagro navideño.


Cada año, para estas fechas todos los que tenían un deseo insatisfecho, una herida en el alma o la imperiosa necesidad de algo importante que no habían podido lograr, iban a ver al viejo cura. El se reunía con ellos, los escuchaba y los convocaba para que prepararan su corazón para un milagro antes de las doce de la noche del veinticuatro de diciembre.


Cuando el día esperado llegaba y todos estaban reunidos frente a la parroquia, el cura encendía todavía algunas velas más alrededor del árbol, y luego recitaba una oración en voz muy baja...como si fuera para él mismo.
Dicen...que cada Navidad Dios escuchaba las palabras del párroco cuando hablaba.
Dicen que a Dios le gustaban tanto las palabras que decía, dicen que se fascinaba tanto con aquel árbol de Navidad iluminado de esa manera, dicen que disfrutaba tanto de esa reunión cada Nochebuena...Que no podía resistir el pedido del cura y concedía los deseos de las personas que ahi estaban, aliviaba sus heridas y satisfacía sus necesidades.


Cuando el anciano murió, y se acercaron las navidades, la gente se dio cuenta que nadie podría reemplazar a su querido párroco.
Cuando llegó diciembre, sin embargo, decidieron de todas maneras armar el árbol de Navidad frente a la parroquia e iluminarla como lo hacía en vida el sacerdote.
Y esa Nochebuena, siguendo la tradición que el cura había instituído, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunieron en la vereda y encendieron velas como habían aprendido del viejo párroco...


Se hizo un silencio...Nadie sabía lo que el viejo cura decía cuando el árbol se iluminaba por completo....Como no conocián las palabras, empezaron a cantar una canción, recitaron unos salmos y al final se miraron a los ojos compartiendo en voz alta sus dolores y alegrías en ese mismo lugar, alrededor del árbol.


Y dicen...que Dios disfrutó tanto de esa gente reunida alrededor del ciprés, frente a la vieja parroquia, hermanados en sus deseos...que aunque nadie dijo las palabras adecuadas, igual sintió el deseo de satisfacer a todos los que ahí estaban. Y lo hizo.


Desde entonces cada Nochebuena en aquella parroquia, alrededor de ese árbol tan especial, algunos milagros ocurrían, posiblemente en honor o quizás, por que no? por influencia del cura párroco...
El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo...


Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el pueblo donde está la parroquia.
Nunca conocimos al bondadoso anciano y mucho menos sabemos cuáles eran sus mágicas palabras...Nosotros ni siquiera sabemos cómo armar nuestro árbol de navidad de la manera que él lo hacía...
Sin embargo, hay dos cosas que sí sabemos, sabemos ahora esta historia y sabemos que se acerca la Navidad... 


Y dicen...que Dios adora tanto este cuento... que disfruta tanto de las historias navideñas,que basta que alguien cuente esta leyenda y que alguien la escuche o la lea...para que él, complacido, satisfaga cualquier necesidad, alivie cualquier dolor y conceda cualquier deseo a todos los que todavía, aunque sea un poco, creen en la magia de la Navidad.

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL VALOR DEL ANILLO





EL VALOR DEL ANILLO

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... -y después de una pausa agregó: -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -asintió el maestro. Se quitó el anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete antes y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara, y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -mas de cien personas- y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Qué importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero.
¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender al anillo y pregúntale cuánto te da por él.
Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas.
Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-¿¿58 monedas?? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo-.

Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única.
Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.
¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto,
volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.



"Los cuentos sirven para dormir a los niños y despertar a los mayores"
Cariños a todos de Laura
http://www.miscyberamigos.blogspot.com

miércoles, 4 de octubre de 2017

TU LUGAR EN EL MUNDO













Nadie en el mundo va a darte tu lugar
si tu no lo ocupas primero. Al que elige con firmeza su papel nadie le
dicta el libreto ni le señala cuando debe entrar o salir; solo tu eres el
director, guionista y protagonista de tu historia

No importa tanto en
realidad si eres un actor secundario en la obra de otros, lo esencial es que
seas el actor principal en la tuya, y también el redactor de tu libreto.
Es
irrelevante el tiempo asignado a tu papel, siempre será el necesario para tu
participación, pero cuida de no equivocarte de escenario: el tuyo es aquel en el
que se juega tu suerte, no la de otro, por apasionantes que puedan parecer los
libretos ajenos.

Esto tiene que ver con la elección consciente de tu
libertad en todos los niveles, que te llevara siempre a negarte a la aceptación
de ese papel que muchos asumen para descansar de sus obligaciones: el de
víctima.

Indaga profundamente en tu interior cual es tu sino, cuales son
tus talentos, cuales los lenguajes con los que ansias expresarte, y luego actuá.
No te limites a una sola forma de expresión, emprende la aventura de descubrir
de cuantos modos podes llegar a los demás con tu mensaje. Cada conducta es una
forma de manifestación, no te limites al desempeño de un único papel en tu vida.
Cambia, amplia tu experiencia, pruébate en cosas nuevas, ensaya algo distinto en
tu casa, en tu trabajo, en tus pasatiempos, en la forma de vincularte con los
demás, en el modo de amar a los que amas.

No permitas que el miedo, los
prejuicios, la moda, la rutina o la presión de los demás aplaquen esa potencia
creadora que habita en tu interior, exprésate y no te justifiques, no expliques,
no argumentes.

Actuá, que, por cada uno que critica en voz alta, existen
diez hermanos silenciosos que crecen con tu ejemplo y a quienes tu coraje
impulsa a buscar en si mismos la fuerza que te anima.

Existe una verdad en ti,
debe ser revelada y transformada en acción. Esa verdad se refiere a tu
esencia y a las características peculiares que te identifican.


ES LA UNICA OPORTUNIDAD
QUE TIENE EL MUNDO DE CONTARCON ALGUIEN COMO TU !

lunes, 11 de septiembre de 2017

SUFRÍS POR HACER EL BIEN ?






Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (2,20-25):


QUERIDOS hermanos:
Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien,
eso es una gracia de parte de Dios.
Pues para esto habéis sido llamados,
porque también Cristo padeció por vosotros,
dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca.
Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban;
sufriendo no profería amenazas;
sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño,
para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.

Con sus heridas fuisteis curados.
Pues andabais errantes como ovejas,
pero ahora os habéis convertido
al pastor y guardián de vuestras almas.

Palabra de Dios